Susurro de Luna

 

Anoche estuve en “7 picos”, y aunque en principio era una noche de sierra, y no teníamos idea del eclipse, al saberlo fuimos a verlo, y nos dispusimos en el lado de la montaña que da a Madrid.

Se vio increíble. Toda la extensión inmensa sin poder separar los límites adonde alcanza la vista, la Comunidad de Madrid a los pies, las farolas guardando los caminos con sus luces sobre el asfalto, en carreteras, vías, edificios. Toda esta luz fluorescente, eléctrica, pequeña, diminuta, ante la inmensidad de un océano debajo, que, mirando arriba, pareciera reflejar lo que sobre nuestras cabezas se alza, señalando la pequeñez del ser humano, de nuestras construcciones, de nuestras propias luces.

El cielo pareciera querer decir al hombre sus bondades, mientras éste compite entre titanes para alcanzar su gloria, se encara incluso con el cielo para conquistar su espacio, abriendo aquella lucha de dioses y hombres.

La luna, mientras, se ciñe, se pinta, toma su velo, y se alza en medio de los afanes de unos y otros.

Suena una sinfonía en redobles de silencios, y deja los cañones solos y las cabezas mirando a esta protagonista que sale a escena.

Luna, Luna, Luna llena, cantan los haces de la noche.

Luna, Luna, Luna plena, que llega con Marte sobre la escena.

Aparecen ambos con carmesí en los labios y vino viejo.

Ambos brillando, zigzagueando, despiertan miradas en cielo y tierra.

Como para no verles.

Ellos ajenos, en cuerpos propios parecen cercanos, están distantes.

Los dioses atentos, el humano ojo absorto, espectáculo sin igual, igual que el propio con que acolchamos las noches.

Encaramado a una peña, el viento sopla más fuerte cada vez, la música se eleva cada vez más, y más, …., todo estalla en estruendos, lo percibo con crepitar serrano en mi ingrávida butaca.

Es de cine, Marte está más brillante y apuesto que nunca. Venus está esplendorosa.

Ante tanta fatua fastuosidad a mi amigo le viene cierto embotamiento. La luna le ha movido mucho estos últimos meses, esto le sobrepasa.

Hay vértigo en mi asiento. Conocedor de lunas y noches, prefiero acallar la música, parar su deambular, que, de tanta noche en danza, conozco su órbita, su rumbo, y donde para.

Nos retiramos a dormir.

Avanzada la noche, mi amigo se levanta y da una vuelta, al volver me dice que vio como la luna iba asomando su natural color.

Tras el furor primero de rojo escarlata, la luna mostró su carne, dejó sus ropas, su velo transparente, su encaje de tul teñido del ocaso del ayer iba deslizándose sobre su blanca piel hasta dejarla desnuda, sin nada.

La noche avanza, se va el frío, se va el viento, se va todo, la gente abajo duerme, sólo queda una brisa suave, tranquila, serena, calma.

La noche está desnuda, sin ropajes, se muestra tal y como es, limpia de sí, recién nacida en su cenit.

Me llama.

Voy a verla.

Entre los riscos, voy a  verla, subo a mi peña, la busco, me encuentra.

Me susurra amable. Con un acento sin palabras me lo dice todo. Me es grata. Ya su presencia no es incómoda, no hay sobresaltos, pues, se mueve, me muevo, libres ambos, sin alterar nada.

Aprendimos los dos.

Ella, comedida y amable, ilumina todo. Oscuridad amanecida en medio de la noche, mis pasos no necesitan mi propia luz, mi eléctrica fluorescencia, mi propio brillo, mis pilas y mi energía.

Solté todo, que todo lo tenía.

Cesó la música y dejeme.

Marte sin su espada, sin su casco, abierto el pecho deja su armadura..

Sin conquistas, ¿de qué protegerse?, ¿de qué o quién defenderse?

Nadie señala, todo está delante, en aquel secreto escondido se muestra no hace falta esconder nada.

Se muestra el cielo, la tierra, todo baila como al principio.

Un séquito real de escogidas estrellas acompaña, con atuendo fulgor resplandece sin que la plateada belleza de luna tape su pequeñez dorada.

Hubiera querido contemplarlo toda la noche, sólo que me ve cansado, me mira, recógeme en su vista y hermosura, apaga mis luces, me lleva al sueño, y en su estelar nana me guía a mi esterilla, a mi pequeña y humilde estancia, apaga el escenario magno, y mientras va perdiendo su luz, para dar paso al día, se queda velando, en este paisaje, entre lo humano y lo divino, el lugar de la hormiguita, como de la estrella, que ahora descansan, todo tan distinto, tan nuevo, siempre único.

Gracias

✨🌖✨

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