InOnZenTeS

El Principito es un Niño que busca con otros ojos aquello esencial del planeta que visita, del suyo propio.

Para unos es extravagante, porque no es concreto, ni parece práctico en un primer acercamiento.

Su mirada apunta de otra forma, a dibujos que hubo de guardar, incomprensibles para el raciocinio, así que quedó entre sueños en pañales y una rosa sin brotar.

Hubo de abandonar su lugar, su plan e ta, sus dibujos, para esconderse en otros detalles más prósperos y productivos.

Lo esencial, no se ve, es invisible a los ojos, pues los dibujos que se ven son estos últimos y hay que llegar al dibujo original para ver aquello importante.

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La Boa se tragó al Elefante, y aunque el niño dibujó aquello, hubo de ocultar sus dibujos y confeccionar sombreros de quita y pon según la ocasión y trazar lineas rectas que van directas en lugar de la curviforme levedad del ser: la  del elefante escondido.

Sí, un elefante atrapado en una serpiente.

Durante décadas, también por estas fechas, la artista Raffaella Carrá, cantaba entre otras, aquello de “una mujer dentro de un armario”, que un pequeño ve lo más normal, ¡quién no se ha metido dentro de un armario!, ¿sólo que en adultos?, estaría jugando al escondite, claro!

Qué dolor!, qué dolor!

Las niñas ya no quieren ser Princesas.

Los Principitos dejaron sus coronas, y no las quieren, porque pesa mucho tanto metal en la cabeza.

Además, ya no está Merlin, se descubre al mago de la chistera.

Se quita las vestiduras reales, cambia la canción del tamborilero, a los magos de oriente se les ha descubierto el pastel, y partir de ahora, ya se sabe, alguien paga el roscón, la comida y la fiesta.

La Magia de estos días, Ilusión, el mayor espectáculo del mundo.

Inocente inocencia en la comedia humana.

Historias silentes, ocultas, veladas, que alguien se tragó. Un Elefante dentro de una Boa susurrando palabras de amor, una estrella chiquitita dime porqué chiquetete no espera nunca poderla alcanzar.

Entonces, es tiempo de reponerse, con Rafael, a mi manera.

De mil colores, de mil maneras, mil magos y sombreros, un solo mundo e infinidad de mapamundis, sin Rosa. No hay Rosa de los Vientos.

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Un Niño sale de su lugar a jugar a preguntas del veo veo, no ves, no ves mi dibujo, qué es, … adivina, adivinanza, dentro del sombrero.

Cuando encuentra alguien de confianza, normalmente un naúfrago, o un piloto con su avión averiado, no pregunta por soluciones, el Principito, aunque sea a mil millas de cualquier lugar, su semblante resplandece, se despierta su anhelo, y vuelve al susurro primero con una pregunta:

¡Por favor… dibújame un cordero!

 

No cualquier cordero, este sin defecto, sano, que viva mucho, mucho tiempo, como él quiere, junto a su rosa.

Hay un niño muy cerca, en este planeta nuestro, un niño inocente, como tú, como yo. Quiere mostrar su dibujo, no tener que esconderlo, que le entiendas, que te alegres como aquel día en que dibujabas como él, en el mismo lenguaje, porque sí, que te divertías en lo que hacías.

Hoy, InOnZenTes: dentro el in, enciendes on, y te sientes, te percatas que llevas dentro, la Alegría de aquel primer dibujo.

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